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The Loved Ones

El baile de nuestras vidas

The Loved Ones

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Por fin ha llegado. Disfrutada por algunos en el pasado Festival Internacional de Sitges, The Loved Ones, película australiana escrita y dirigida por Sean Byrne, ha sido capaz de no destrozar las altas expectativas que se crearon a su alrededor y erigirse, por méritos propios, en la propuesta terrorífica más inteligente, fresca y terriblemente entretenida del año (a la espera, precisamente, de lo que nos depare la actual edición del Festival).

Brent es un adolescente atormentado por la culpa tras la muerte de su padre en accidente de tráfico. Sumido en una fuerte depresión que le lleva a coquetear con la idea del suicidio, Brent encuentra en Holly, su preciosa novia, una excelente razón para seguir adelante.
Pero un mal día se cruza en su camino Lola, una estudiante algo retraída y tímida que invita a Brent a acompañarla al baile de final de curso del instituto. Brent rehúsa amablemente la invitación… gran error. Lola no acepta un “no” por respuesta, y está dispuesta a que Brent no olvidé jamás el infierno del que podría ser, sin duda, el último de sus bailes de final de curso.

The Loved Ones podría describirse como una mezcla de las comedias adolescentes norteamericanas con baile de graduación de por medio, las torturas de Hostel, y el malsano concepto de familia de La Matanza de Texas (“ojos brillantes”, uno de los estupendos personajes secundarios de The Loved Ones, me recordó al abuelo de la mítica película de Tobe Hopper).

Pero acerca de la mención de Hostel, permitidme un breve inciso. Me niego a considerar The Loved Ones como una muestra más del subgénero “torture-porn”. Las intenciones de la película de Byrne; la densidad, el interés y las sorpresas que atesora su argumento, y la maravillosa descripción de los personajes, superan ampliamente el concepto y el alcance de lo que en los últimos años se nos ha vendido como “torture-porn”. En The Loved Ones hay tortura, hay violencia sobre una persona indefensa atada a una silla (imagen paradigmática del género de torturas), y también encontramos generosas dosis de sangre y algo de gore; pero me niego en rotundo, a la vista de lo que nos ha ofrecido recientemente el agotador subgénero del torture-porn, a calificarla como tal.

Lo primero que sorprende en The Loved Ones es el encomiable talento que demuestra Sean Byrne al conseguir que la escasez de elementos que presenta el argumento de su película (un adolescente sometido a la tortura de una jovencita despechada) acabe transformándose en una de las propuestas más insólitas y disfrutables del año gracias, principalmente, a tres elementos: la magnífica descripción de los personajes, tanto los principales como los secundarios; las intensas secuencias de tortura, salpicadas de sangre pero también de un finísimo y delicioso humor negro; y su capacidad para, en un momento dado, abandonar radicalmente el terreno por el que se movía hasta ese instante y sorprender al espectador con uno de esos formidables giros de guión que acabarán haciendo de The Loved Ones una de las películas de horror más recordadas y reivindicables del 2009/10.

El trazo de todos los personajes que aparecen en The Loved Ones es, sencillamente, magistral. Desde la víctima, Brent, un adolescente con serios problemas emocionales por el que resulta muy sencillo sentir empatía y cuyo comportamiento durante la tortura, sin articular prácticamente una sola palabra, me pareció un acertadísimo detalle a nivel de guión; pasando por el padre de Lola, cuya genial interpretación por parte de John Brumpton nos deja entrever desde el principio, y de manera muy sutil, la incestuosa relación que le une a su hija; y finalizando con el que, sin duda, es uno de los puntos álgidos de The Loved Ones: el personaje de Lola.
Interpretado por la desconocida Robin McLeavy, el personaje de Lola se nos presenta como una adolescente insegura y desequilibrada cuyo depravado dominio del arte de la tortura, tanto física como psíquica, está llamado a convertirlo en un icono imperecedero del horror del nuevo siglo. Lola transita de la ingenuidad, la candidez y la ironía, hacia la crueldad y el sadismo con una facilidad pasmosa y sin caer, en ningún momento, en la caricatura o el ridículo. Su personaje es de aquellos capaces de calar hondo y permanecer en el subconsciente del aficionado durante un largo tiempo.

Incluso la historia pararela del mejor amigo de Brent, manteniendo una turbulenta cita con una guapísima, silenciosa, taciturna y oscura muchacha, funciona a la perfección como contrapunto a la violencia y al sufrimiento del propio Brent. Y por si fuera poco, el extraño comportamiento de la mencionada muchacha adquiere sentido justo en la parte final de la película.

Por otro lado, las secuencias de tortura, que copan la parte central del metraje, vienen definidas por un destaclabe nivel de violencia explícita (aunque totalmente soportable) pero, sobre todo, por un sentido del humor negro, negrísimo, y delicioso, personificado en la actitud, los gestos y los diálogos de Lola y en la relación que une a ésta con su sumiso progenitor. Son instantes que mezclan gore e ironía en unas proporciones de exactitud matemática, logrando que la violencia de The Loved Ones se aleje de la escabrosidad o la brutalidad que, de otra manera, sus imágenes hubieran transmitido. Todo ello provoca que la violencia gráfica expuesta en The Loves Ones no sea solamente tolerable, sino plenamente disfrutable y divertida. Terriblemente atractiva.

Pero hasta el momento The Loved Ones no deja de ser la película en la que una chica desequilibrada y despechada tortura al pobre desgraciado de turno. Una excelente película, sí… pero, en el fondo, más de lo mismo. Sin embargo, a unos treinta minutos del final, Sean Byrne se saca un as de la manga y consigue llevar la historia a un nuevo e insospechado nivel (a un nivel del que, por supuesto, no pienso dar ninguna pista). Y es en ese preciso instante cuando The Loves Ones deja de ser una película más para convertirse en una película absolutamente imprescindible, una auténtica delicia que, de ninguna manera, bajo ninguna excusa, deberíais dejar pasar.

Y por cierto, he llegado a la conclusión de que The Loved Ones es una joyita de obligada visión, sin necesidad de decir nada acerca de su excelente fotografía, su magnífica realización, el trabajo soberbio de todos los actores o su sarcástica selección de canciones; aspectos a los que no suelo prestar demasiada atención en mis reseñas por pura insensatez.

ATENCIÓN: el siguiente trailer oficial desvela demasiados secretos de The Loved Ones. Si queréis disfurtar de la película sabiendo lo menos posible sobre su argumento (algo que os recomiendo encarecidamente), no veais el trailer.

Lo mejor: Lola, su nivel de violencia, su humor negro, sus últimos treinta minutos, su fotografía, sus personajes secundarios...

Lo peor: Que alberguemos serías dudas sobre si se distribuirá de alguna manera en nuestro país.


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